La vida no es un tuit

Anatomía-de-un-tuitA menudo las redes sociales nos dan ciertas posibilidades de hacer llegar nuestro mensaje a las personas que llamamos “amigos”, a los “followers” o a los “seguidores”. En muchos instantes de nuestro día a día, nos vemos sometidos a la velocidad y voracidad de estar conectados a las redes sociales como si en ello nos fuera la vida. Para muchos así es: existe la imperiosa necesidad de ser más que la competencia, estar más presente que la competencia, tener más movimiento e intercambio de información que la competencia en este tipo de comunicación. Como me gustan los “Cuerpo a Cuerpo” de algunos periodistas independientes y qué pocos quedan. Ánimo a Jesús Cintora, desde este humilde espacio de reflexión.

Somos víctimas de nuestros propios pecados. Pensamos en cómo llegar a más gente sin que la gente a la que pretendemos llegar nos importe lo más mínimo. Queremos cantidades, pero no calidades. Mensajes llenos de vacío. Obviedades que no aportan nada. Aparecer en la pantalla de la televisión, mensajes en la radio que es mejor no escuchar, declaraciones escritas que hacen las delicias de la “Divina Comedia”. O en el mejor de los casos, recuerdan que a veces Maquiavelo no iba tan desencaminado con aquello de que “el fin justifica los medios”, con tal de no escuchar más bravuconadas, estupideces y despropósitos.

Necesitamos las fotos para documentar los éxitos de nuestra vida diaria. Las obras de nuestros actos ya no forman parte de lo que debemos hacer, sino de la obligación de estar en la palestra. “Que hablen bien o mal, pero que hablen de nosotros”. Al final, con tanta batalla en la red se pierden el norte y también el sur de lo que queremos mostrar y demostrar. Pinturas, cervezas y fantasmadas. No me interesan. Quiero respuestas a los problemas de la gente que me rodea, con la que charlo, con la que discuto, con la que espero en la cola de la panadería y comentamos lo mal que está la situación.

Estos últimos días de pre-pre-campaña, los políticos del #PartidoPopular de Gandia se afanan en hacer inauguraciones de todo tipo para reafirmar su gestión al frente del Ayuntamiento. Este tipo de praxis no siendo ilegal, resulta cuanto menos sospechosa de electoralista. Más cuando durante largos meses, algunos hablaran de años, de inactividad, todas estas obras en barrios olvidados de la ciudad, se sacuden ahora que llega el final de la legislatura y les recuerdan que piensan en ellos, en los vecinos, aunque cueste de creer. Con toda la “jeta”.

Es tal la demagogia que se gastan los gestores de lo público que hasta se llegan a inaugurar carteles que anuncian lo que vendrá, cuando venga, si es que llega a venir. Porque en Gandia, que será muy probablemente intervenida por el ministerio de Hacienda, tras las elecciones municipales y autonómicas del próximo 24 de mayo, se inaugura a golpe de talón y cheque.

Una cubierta para un campo de fútbol, un aparcamiento en altura, la remodelación de una calle peatonal… Todas estas obras, llevan años necesitándose, unas más que otras, también es cierto. ¿Pero el actual era el momento más adecuado? Cuesta creer que sí, cuando varios informes anuales consecutivos de Cáritas Interparroquial (ya saben, esa organización que pretende parecerse al PP en su desinteresada función de solidaridad y ayuda social) alerta de que durante los últimos años la pobreza y la desigualdad social ha ido en aumento.

Cuesta responder también que sí a la pregunta, cuando más de 400 familias, 400 casos, 400 personas que han sufrido la situación de verse en la calle por no poder pagar su hipoteca llegan desolados a la PAH (Plataforma de Afectados por la Hipoteca), siendo ésta su último recurso ante la pérdida total de sus sueños. Esa hipoteca que se lleva en muchos casos más de lo que ingresan por ayudas o prestaciones.

No. La vida no es un tuit de una foto que luzca unos pies en la playa en el mes de abril, aunque haga frío y sólo haya un pedazo de cielo azul sobre el mar. Metáfora de lo que muchos nos hacen creer con la dichosa “RECUPERACIÓN”. La vida no es un “Me gusta” al mensaje del líder político de turno, para estar más cerca de la poltrona que se reparta cuando toque cobrar del pueblo. Algunos pueden pagar ejércitos de “tuiteros”, “followers”,”seguidores” o “amigos”.  Algunos podrán ser tan #Populares como quieran desde un despacho en los edificios consistoriales. Pero la vida no es un tuit. La vida se vive a pie de calle, día a día. Mirando a los ojos de las personas buenas que lloran porque lo están perdiendo todo, se lo están robando todo: la salud, el ánimo, las ganas de seguir luchando, el dinero, la vida. Y decirles a esas personas que en parte, ellos son cómplices de la usurpación de sus derechos, por la inoperancia y la falta de acción contra la especulación. ¿Cómo pretendemos vayan contra ellos mismos?

Y miren como estamos. A un tuit de ser Grecia dentro del País Valencià. A una firma de volver a mirar las pantallas en blanco y negro. Esta vida no es el tuit que quería escribir. Pero es la que nos va a tocar vivir, si no lo remediamos. Miren más allá de su móvil, miren el sentir de la calle y decidan: fantochadas en las redes o priorizar la relación en tiempo real con las personas, mirándole, mirándonos a los ojos.

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Categorías: PAH

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